viernes, febrero 17, 2017

HA LLEGADO LA HORA DEL CAMBIO




Humberto Campodónico.
Por primera vez en 25 años tenemos la oportunidad de sacar el balance del modelo económico de la Constitución Fujimori/Yoshiyama: liberalización de la economía, desregulación de los mercados y privatización de las empresas estatales. Pero sus defensores se niegan a ese balance.
Ahora nos dicen que la culpa proviene del “imperio brasileño” y el sistema corrupto alentado por sus empresas. Así, la corrupción viene “de afuera” y corrompe a los “buenos” de adentro que, además, aplican las políticas del Consenso de Washington.
Eso no se dijo en los 90. Allí el fracaso económico fue culpa del modelo “cepalino” y la crisis de la deuda externa no tenía causas foráneas (como la tasa de interés al 20%, la caída de los precios de las materias primas o el proteccionismo de los países industrializados). La causa era endógena: “demasiado Estado”, “muy poco mercado”. Dos varas y dos medidas.
La confianza desmedida en las “virtudes inquebrantables” de los mercados se exacerbó con el super ciclo de altos precios de las materias primas por la expansión industrial china (que no fue producto del “libre mercado”). No se quiso ver que la marea alta china fue el hecho esencial que hizo subir a todos los botes de América Latina, sin excepción alguna. Y en todos también bajó la pobreza, en parte por el crecimiento y en parte por los programas sociales.
Esta confianza llevó a que el ministro Luis Carranza dijera que los altos precios iban a durar 30 años, lo que se trasladó a todas las instituciones del Estado y a la propia forma de hacer política económica. ¿Alguien dijo Plan Nacional de Infraestructura en el CEPLAN? Pero si “plan” es una mala palabra. Basta con que IPE y AFIN nos digan que el déficit de infraestructura asciende a decenas de miles de millones de dólares.
¿Alguien dijo Plan Energético de Mediano y Largo Plazo, de carácter vinculante, que nos diga qué oferta y demanda de energía queremos en 20 años para “rayar la cancha” a las empresas? ¿Para qué, si ya la Constitución dice que son los dueños de la molécula, previo pago de una regalía? ¿Y qué hacemos si el licenciatario quiere exportar el gas del Lote 56, lo que se permitió bajo Toledo, siendo PPK ministro de economía y luego Premier?
Pues nada: solo respetar el Art. 62 de la Constitución que establece la “santidad” de los contratos-ley, ya que solo pueden ser cambiados por acuerdo entre las partes (adiós Congreso). No se dice que han sido modificados cientos de veces, siempre a favor de los contratistas, partida de nacimiento de las adendas de las APP.
Los ideólogos pro-mercado “evolucionaron” y dijeron que los eficientes ministros tecnócratas no podían hacer bien las cosas porque los gobernantes, políticos elegidos por el pueblo, no los dejaban: “qué bueno sería que los mencionados ministros –que parecen estar en el gabinete por un accidente del destino– escogiesen al presidente y no al revés” (1). El gabinete PPK, con él al frente, cumple con esa aspiración. ¿O no?
Lo que les importa es que haya “una buena tasa de crecimiento económico”, no si se fortalecen las instituciones, salvo las “islas de eficiencia que “impulsan el crecimiento” (2). Tampoco importa si se vulnera el medio ambiente y los derechos de las comunidades indígenas. Importa crecer. Punto.
La cereza de la torta ha sido las APP, no porque sean malas per se, sino porque la estructura legal y el diseño de adjudicación han sido laxos, permitiendo adendas al por mayor, por tanto, el crecimiento de la corrupción que vemos hoy. Es indispensable un debate nacional sobre las APP para acabar con la corrupción.
Pero el apetito de los inversionistas privados hacia los ahorros fiscales en época de vacas flacas (y gordas), no se detiene. La política del Gobierno es dar proyectos a las APP, donde tienen buenos amigos. Así, Pro-inversión va a licitar proyectos por US$ 4,000 millones este año. No, pues. Ni una APP más hasta revisar todo a fondo. El Congreso tiene la palabra.
Para terminar, la corrupción no viene solo “de afuera”. Tampoco tiene un solo signo ideológico ni su origen es “economicista”. La moral y la ética son parte del análisis, así como los signos de los tiempos de “postmodernidad” y “postverdad”.
Pero el “libre albedrío” del mercado, sin regulación ni rumbo de largo plazo sí provoca desastres: se vio en la crisis global del 2008 y se ve ahora. No es cierto que haya “una sola política económica”, si no miremos el signo no neoliberal de las políticas económicas en China y el Sudeste Asiático. Si queremos acabar con la corrupción necesitamos una nueva ecuación entre Estado y mercado y alejarnos de la dependencia de las materias primas, camino bloqueado por la Constitución de 1993.
La crisis abierta nos da la gran oportunidad para revertir la idea-fuerza que domina hace 25 años: que el mercado lo puede todo. Ha llegado la hora de cambiar.

martes, febrero 07, 2017

MÁS ALLÁ DE UNA CRISIS ECONÓMICA, ESTÁ LA DECADENCIA MORAL

Por Sociólogo: Avelino Zamora Lingán


“Sí actúas con moral y ética te mueres de hambre”, es la rápida pero tóxica y perniciosa respuesta que hoy en día puede dar cualquier ciudadano común y mortal, cuando en alguna conversación o comentario cotidiano se trata sobre lo pernicioso, malo, inmoral, que algún funcionario público, autoridad o gobernante se apropie del dinero del Estado, el mismo que, en realidad, pertenece a todos y cada uno de los ciudadanos comprendidos en el país. Pero, la controversia se evidencia mucho más cuando alguien cuestiona la actitud que el poblador asume frente al latrocinio, vale decir su complacencia, pasividad, silencio, tolerancia y hasta la solapada justificación o complicidad de los actos de corrupción en las entidades públicas, llámese éstas salud, educación, trabajo, militar, religiosa, etc. Es más, al asumir tal actitud, esa persona podría estar sugiriendo, silenciosamente, que llegada la oportunidad o el momento no dudaría en hacer lo mismo que hacen las personas y personajes a los cuales se les cuestiona por aquellos actos. Descrito así el contexto en el cual estamos inmersos todos los habitantes de este país, no es más que el reflejo de un proceso inevitable de decadencia moral, la misma que indudablemente trasciende la crisis económica.

Ciertamente aquel fatal pensamiento, descrito más arriba, ya no puede ser individual o aislado, puesto que, dada su frecuencia y generalización, se puede concluir en que, lamentablemente, hoy en pleno siglo XXI, se ha convertido en una de las expresiones del pensamiento social de los peruanos, siendo los más fieles representantes los jóvenes, por ser el sector mayoritario y ser mudos testigos de lo que ahora está sucediendo en nuestro país. Me refiero, obviamente, a los escandalosos actos de corrupción cometidos desde el poder, por una clase política mal engendrada desde los inicios de la república. Digo “mal engendrada”, porque la clase política criolla que tenemos se formó de los rezagos coloniales, con rezagos coloniales, sin conciencia nacional, sin alma de peruano y sin aspiraciones de desarrollar patria. No en vano los datos estadísticos revelan que el 70 % de la población peruana es, óiganlo bien peruanos, TOLERANTE con la corrupción, a esto se suma la frasecita generalizada, incluso convertida en slogan de algunas campañas políticas: “ROBA PERO HACE OBRAS”. Esto último es el indicador más contundente que refuerza la tesis de la “tolerancia” frente a la corrupción, del carácter que ésta sea o en los niveles sociales que ésta se dé o se practique. Pero, es necesario explicar por qué esa actitud popular de “TOLERANCIA” a la corrupción ¿Acaso los peruanos ya nacen con tal predisposición? Las razones pueden ser diversas, pero, desde nuestra perspectiva, las más relevantes son:

Despolitización. Una población adversa a la política y a los políticos, como los jóvenes de hoy, por ejemplo, desarrolla alto grado de indiferencia a los actos de gobierno y, en general, a las políticas que desde el Estado se generen. El desinterés popular deviene en libre albedrío de los gobernantes y de los funcionarios públicos, sobre todo “libre albedrío” en el manejo del dinero de los contribuyentes. La población no presta atención a los actos de quienes gobiernan, aunque tales actos sean antipopulares o perniciosos como los de corrupción, por ejemplo. Sí el pueblo elevaría su nivel de conciencia política, se involucraría mucho más en la toma de decisiones junto con sus gobernantes, tendría mucho más capacidades para la organización, para la fiscalización y para ejercer presión social sobre las entidades estatales, lo cual mermaría considerablemente los malos actos de los gobernantes. 
La ilusión de alcanzar la zanahoria. La clase media es la más vulnerable ante la disyuntiva de ser mucho más cuestionadora a los actos de corrupción o ser la más tolerante con ellos. La clase media, al estar entre los dos extremos sociales: la clase alta y la clase baja, o entre los más ricos y los más pobres; la clase media también está entre otra disyuntiva: la de seguir empobreciéndose cada vez más o aspirar llegar a la categoría de “rico”. Aquí, vale la metáfora que indica: “La clase media siempre aspira a alcanzar la zanahoria que los ricos le están mostrando desde lo alto, generándole así la ilusión en cuanto a que cada vez está más cerca de alcanzarlo, cuando en realidad esa zanahoria se torna cada vez más inalcanzable” Entonces, aquí radica una de las causas de la tolerancia hacia la corrupción: El afán de alcanzar esa zanahoria al precio o costo que sea impulsa a que la clase media, en la cual están comprendidos empleados y funcionarios públicos; estudiantes, profesionales, técnicos, campesinos medio acomodados, comerciantes, etc., se corrompa y deje corromper, siempre y cuando el beneficio sea monetario; y, si no corrompe ni se deja corromper probablemente desarrolla una actitud tolerante, pasiva, indiferente, con la corrupción.
Desconfianza con la Justicia. El alto grado de desconfianza con la justicia se ha ido generando a lo largo de mucho tiempo, en la medida que la población no percibe la aplicación democrática de la justicia. Aquí se castiga, se manda a la cárcel, “a que se pudra”, al indefenso, al que no tiene el dinero suficiente para defenderse, o al que no puede pagar a un equipo de abogados a que lo defienda. Mientras que al que tiene poder económico y político, aunque cometa los delitos más atroces, la justicia a elaborado una serie de leguleyadas, como “confesión sincera”, “colaboración eficaz”, “arresto domiciliario”, “prisión suspendida”, delación premiada, prescripción del delito, etc., etc. para evitar que alguien de la clase alta pise la cárcel o, por lo menos, lo pise pero por muy corto tiempo. Es por ello que aquí, la mayoría piensa, al igual que el inolvidable jilguero del Huascarán, “al que roba millones la justicia más lo adula; pero al que roba cuatro reales la justicia lo estrangula”. Entonces, esa enorme desconfianza popular deriva en aparente tolerancia con la corrupción. No obstante, de acuerdo con lo descrito en torno a la característica de la justicia, tal vez esa tolerancia no sea real sino aparente; porque, en el fondo no es que exista tolerancia, sino que, en realidad, existiría es precisamente desconfianza hacia la justicia y en consecuencia pasividad. Por ejemplo, si se hicieran sondeos de opinión o encuestas en el sector popular, con la pregunta sobre si los corruptos de alto vuelo, no las “anchovetas” sino los “tiburones” o “peces gordos”, serán enviados a la cárcel por haber recibido los sobornos de las empresas brasileñas, la mayoría de la población peruana, respondería contundentemente que NO; y, que toda la parafernalia que están realizando los instrumentos mediáticos, el poder judicial, el gobierno, los políticos, el Congreso, los “opinólogos”, analistas, etc., etc., no sería más que pura farsa, para entretener a la población, mientras pasa el tiempo y todo quede olvidado ¡como siempre!!
Impotencia. Sentir impotencia es sentirse débil, incapaz de hacer nada, no tener las competencias políticas ni jurídicas, para luchar contra la corrupción. Es lo que el pueblo peruano estaría sintiendo, lo cual, esa pasividad o indiferencia hacia un fenómeno que afecta mucho más a él precisamente, daría lugar a que ciertos sectores sociales, lo interpreten como tolerancia, cuando en realidad no lo es. Lo que sucedería es que el pueblo no tiene, como ya indicamos antes, las prerrogativas, las competencias para luchar contra la corrupción. Entonces, aquí se complica el problema: crece la desconfianza popular hacia la justicia, pero también se evidencia una impotencia o debilidad para luchar contra la corrupción, el resultado obviamente tiene que ser el desarrollo del cáncer de la corrupción, el cual parecería que ya está en su última fase, vale decir está “generalizado”. Contra el “cáncer generalizado” de la corrupción ¿Qué se puede hacer? O contra un cajón lleno con manzanas, donde éstas casi todas están podridas ¿Qué se puede hacer? ¿Acaso esperar pasivamente que el “cuerpo” social vaya “muriendo” lentamente; o que terminen de podrirse todas las manzanas?, ¿Acaso la alternativa es continuar mostrando esa aparente actitud de “tolerancia” con la corrupción? 
Almas encadenadas. El miedo también es un mecanismo que no permite ver objetivamente la realidad y más bien impulsa a callarse frente a ella. Muchos callan y “toleran” la corrupción por miedo. Miedo a perder un puesto de trabajo, miedo a no encontrarlo, miedo a que en el futuro no se consiga un puesto de empleo, miedo a salir a protestar contra actos de corrupción, miedo al “que dirán” si alguien como el amigo, el pariente, el compañero de estudio, el jefe o el patrón me observa en una manifestación contra la corrupción. El miedo impulsa a una actitud pasiva, a una actitud de cómplice o a una actitud de indiferencia, lo cual a su vez deriva en una aparente tolerancia con la corrupción. El miedo es como la esclavitud, encadena el alma de la población, tal como el esclavo es encadenado físicamente. Pero, de los dos tipos de encadenamiento, el encadenamiento del alma es mucho más peligroso y pernicioso para toda sociedad. Desde esta perspectiva, perder el miedo es romper las cadenas del alma. ¡El fenómeno de la corrupción, monstruo grande y putrefacto, que pisa fuerte y contamina a todo aquel que se cruza en su camino, de derecha o de izquierda, moriría si el pueblo empezaría a perder el miedo!! 
Las TIC: ¿Una dosis de anestesia a la conciencia? Cabinas de internet públicas saturadas por jóvenes de ambos sexos, de igual manera, quien no observa hoy en día que probablemente 9 de cada 10 personas caminan con celular en mano, a tal punto que todo indica que dicho aparatito electrónico ya es una prolongación de su cuerpo de aquellas; asimismo, audífonos infaltables de los oídos de la mayoría de los jóvenes. En general, dada la diversidad de aplicaciones que tiene el teléfono móvil, como cámara fotográfica, música Mp3, video, grabadora de sonidos, de video, linterna, internet, Wassapp, Twiter, Facebook, juegos, PDF, para guardar documentos; programas básicos de elaboración de textos, entre otras aplicaciones más. En fin, todo esto ha dado lugar a que el celular se convierta en el fetiche más preciado, deseado, querido, mimado, de los ciudadanos del S. XXI, especialmente de los jóvenes. Es por ello que el joven de hoy, incluso muchos adultos, fácilmente se podrían desprender de cualquier otro objeto personal, al mismo tiempo que exponerse a cualquier circunstancia como un asalto, un cáncer por las ondas radioactivas emitidas por el propio celular; adquirir, en mediano o largo plazo, una sordera como consecuencia del permanente uso de auriculares en el oído; un accidente de tránsito o de otra naturaleza, por una distracción al andar buscando a pokemon; incluso exponer su vida ante el robo de un celular; pero, eso, sí, jamás estaría dispuesto o dispuesta a deshacerse del pequeño aparatito digital. Ahora, bien, todo esto puede ser secundario frente al daño más peligroso, que puede sufrir aquel usuario compulsivo de las famosas Tecnologías de información y comunicación, conocidas como TICs. Ese daño consistiría, precisamente, según ya estarían advirtiendo algunos estudios científicos, en el adormecimiento de la conciencia. El usuario o usuarios empedernidos de las TIC, se “desconectan” de la realidad concreta, de los problemas sociales concretos, de la corrupción, de lo que sucede en su entorno inmediato, mediato y lejano, para vivir una realidad virtual, de imagen, de representación o de simbolismo. Esta sería una de las explicaciones, que cobran fuerza y fundamento cuando alguien se pregunta por qué los jóvenes de hoy no participan en el movimiento social, menos desean participar en política y posiblemente tampoco les importe los graves problemas de corrupción que afronta nuestro país o, en todo caso, éstos les podría parecer como algo normal. Entonces, pues, tal como muchos estudiosos de las ciencias sociales, estaríamos ante un nuevo “opio del pueblo”, al lado de otros “opios”, que muchos ya lo conocen. 
Reacción y reflexión. “Toda acción, genera una reacción”, sabia expresión de Newton. La única alternativa que queda es la reacción. Reacción cual moribundo se resiste a dejar este mundo y opta más bien por la vida. Pero, ese moribundo tiene que darse cuenta que la vida, no sólo consiste “en estar” en esta sociedad, sino en preguntarse para que “estar”, cuál es la razón de nuestra presencia en esta sociedad; pero, sobre todo, qué clase de sociedad quiero dejarle a las futuras generaciones; ¿Acaso una sociedad enferma, cancerosa o podrida, como las manzanas del cajón? Y, si se tratara de usted, padre de familia, ¿Qué sociedad quiere dejarle a sus hijos, a sus nietos y tataranietos y a toda su descendencia futura? ¡Joven, despierta!!, semejantes interrogantes: ¿Qué tipo de sociedad quieres para ti, para tus hijos y para los hijos de tus hijos? ¿Acaso esa sociedad cancerosa, podrida, con corrupción generalizada y cada vez más abierta y descarada?, probablemente la respuesta a semejantes interrogantes sería un enfático NO. Entonces, tendremos que adquirir conciencia en cuanto a que LA VIDA, palabra tan bonita, pero al mismo tiempo llena de significado, demanda de LUCHA permanente (La vida misma es lucha), cambio, transformación, justicia, equidad, pero sobre todo valores morales y éticos, entre los cuales tienen que destacar la honradez y la honestidad, la intercomunicación humana, el cuidado del medio ambiente, de la naturaleza, ¡de la “casa grande”, que es nuestro planeta!! Sin lucha y sin estos valores se habrá perdido la esencia humana; y, entonces, habremos entrado a un camino sin retorno que es el de la deshumanización. Gusta mucho definir al Hombre como “animal racional”; pero dadas sus actitudes casi animalescas, de estos últimos tiempos, frente a la naturaleza y frente al hombre mismo, creo que la palabra “racional” ya se ha caído o esfumado, por lo que fácilmente hoy, en pleno siglo veintiuno, era de la post-modernidad, la revolución de las comunicaciones y de la robótica, la definición bien podría quedar incompleta, es decir, sólo tendríamos que decir: “EL HOMBRE ES UN ANIMAL…” porque lo de “racional” fue perdiéndolo en el largo transcurso de su avaricia por el dinero. ¡El dinero, muchas veces presentado como un simple metal duro y frío, al dominar la conciencia del Hombre, también fue despojándolo de la misma, transformándolo en un SER a su “imagen y semejanza”: FRÍO Y SIN CONCIENCIA, Ser viviente, pero en pleno proceso de deshumanización. En fin, sólo reflexiono y digo lo que pienso. ¡Decir lo que uno piensa, es ejercer la verdadera libertad!! 
Escrito: febrero, 2017

miércoles, enero 11, 2017

ACUMULACIÓN CAPITALISTA Y CORRUPCION: LA SIMBIOSIS PERFECTA


Generalmente, muchas mega empresas “juegan” con doble moral: Participan en las licitaciones, muestran a la comunidad su lado bueno y legal, como el hecho de “apoyar al desarrollo”, capacitar a los jóvenes, “contribuir”, de diversa maneras, a la dinámica social; mientras que “por debajo de la mesa” o “por detrás de la apariencia” expresan su lado oscuro, como por ejemplo, el de corromper a los gobernantes y a cuanto funcionario público de alto nivel, a cambio de favoritismo en las concesiones de cualquier tipo que éstas sean.
Por Sociólogo: Avelino Zamora Lingán

Tal vez, lo más difícil de objetar es aquel mito en el cual la gran mayoría de personas creen, respecto a que el origen del capital es resultado del esfuerzo individual, de la capacidad intelectual, de la buena fe, de la creatividad y hasta de la buena suerte; y no del saqueo, del latrocinio, del despojo al débil, de la confabulación y de las invasiones bárbaras, del imperialismo y por último de la esclavitud y de la muerte. En general, que la acumulación capitalista debe su origen a la expresión más oscura y egoísta del ser humano. Desde esta perspectiva, la corrupción, fenómeno no nuevo, pero sí mucho más expresivo y más generalizado en estos últimos tiempos, no nos debe extrañar demasiado, puesto que tal como reza el título del presente comentario, acumulación y corrupción constituye la simbiosis perfecta, o mejor dicho, acumulación y corrupción capitalista se complementan unas otras, ambas categorías se necesitan mutuamente para poder reproducirse. 

Pero, ¿A qué nos referimos con acumulación capitalista? Nos referimos a la acumulación de capital que sólo unos pocos están en condiciones de hacerlo, como resultado de la explotación social (Explotación del Hombre por el Hombre), por medios que pueden ser lícitos e ilícitos. Cabe advertir que los conceptos “lícitos” e “Ilícitos” son relativos y están comprendidos en el campo de lo subjetivo y de los valores. En esta medida, lo que es legal para algunos, para otros puede ser ilegal y viceversa. En el caso del origen del capital o de la acumulación capitalista, cuyos antecedentes se remonta tanto al esclavismo como al feudalismo, los medios empleados como la compra-venta de esclavos, luego el saqueo, el despojo a los campesinos, de hecho son ilegales, pero, para los protagonistas de tales hechos seguramente son o eran “legales”. Es más, tal “legalidad” de la propiedad, resultado del despojo, era otorgada por jueces o por la clase política en el poder; mientras que la iglesia se encargaba de bendecir tales actos de saqueo y despojo a los pueblos por un puñado de “hombres fuertes” y, es la iglesia misma quien no duda en acumular propiedades resultado del despojo a los pueblos rurales, dándole, a todo esto un carácter divino. Posteriormente, esas propiedades sufren una especie de mutación o transformación y son convertidas en medios de producción, en grandes instalaciones, maquinaria pesada, edificios, con lo cual se inicia el proceso de acumulación capitalista.
Es en este contexto donde hay que ubicar al fenómeno de la corrupción en el Perú, en América Latina y en cualquier otro punto del planeta donde el capitalismo salvaje está reinando. Los actos de corrupción no se limitan a simples actos aislados de las personas, o actos aislados de corrupción en algunas instituciones o en algunas organizaciones o acciones de corrupción en algunos países. La corrupción, tal como se expresa en la actualidad, de manera tan descarada, abierta, generalizada e intensificada, ya es un fenómeno social que está corroyendo a las sociedades del siglo XXI. La corrupción es un fenómeno social que socaba lo más íntimo de una sociedad como es la moral y la ética. No obstante, cuando nos referimos a la moral y a la ética obviamente se trata de la moral y ética capitalista o burguesa, dado que tales categorías responden a su superestructura; sin embargo, vale reconocer que aún esta moral y esta ética están siendo socavadas por el fenómeno de la corrupción. ¡El fenómeno de la corrupción, rostro oscuro del capitalismo salvaje, está destruyendo a la moral y a la ética!! Esto, claro está, si es que alguna vez, tales categorías, fueron parte de la “estructura” espiritual del capitalismo.
En este contexto, también tenemos que ubicar al caso ODEBRECHT, una transnacional de la corrupción. “no es que dicho caso se limite a unos cuantos mafiosos o coimeros al interior de dicha entidad” como quiere dar a entender el Sr. PPK, Presidente de la República. Está claro que la práctica de la coima y el soborno, es decir, la práctica de la corrupción, ha formado parte de su “política” institucional, probablemente desde que se fundó, allá por el año 1944. Odebrecht, una mega empresa que opera en 22 países de América Latina y África, con un patrimonio más allá de los 50 mil millones de dólares y con más de 180 000 trabajadores a su servicio, convenios y asociaciones y hasta con gobiernos de turno, cuyos actos de corrupción no pueden ser aislados, tampoco pueden ser resultado de la casualidad o del azar, ni mucho menos el desliz de algunos de sus funcionarios. A todas luces, la corrupción, lado oscuro de su praxis institucional, tranquilamente puede, también, ser expresión de ese lado oscuro del capitalismo salvaje y lado oscuro de la acumulación capitalista. Además, no sería sólo esta mega empresa, cuya práctica institucional es la corrupción. En el mundo existiría cientos o tal vez miles de megaempresas de la misma o mayor dimensión de Odebrecht, como por ejemplo empresas mineras, petroleras, gasíferas, etc., entre éstas, la Newmont, quienes, también, es posible que oferten coimas y sobornos a gobernantes de turno y funcionarios públicos de alto nivel a cambio de concesiones, construcciones de obras de infraestructura, ejecución de mega- proyectos, mega-planes y mega-programas. Lo que sucede es que a estas gigantes del capitalismo nadie los investiga, porque los poderes del Estado devienen en discapacidad visual y auditiva, discapacidades que ante millones de dólares de coimas y sobornos se agudizan mucho más. Se habrán preguntado alguna vez, ¿Cual es el origen de los capitales, de muchas empresas en el mundo? ¿Cuántos de sus accionistas son gente honesta, ex gobernantes honestos y ex funcionarios públicos de alto nivel honestos? ¿Acaso ese dinero que van a parar a muchas grandes empresas, a las cuentas de la gran banca financiera, o a las bolsas de valores del mundo no serían dinero, provenientes de varias fuentes ilícitas como: narcotráfico, de lavadores de dinero, de corruptos de alto vuelo, de las coimas y sobornos de grandes empresas? 
Se cayó el mito. En el imaginario popular siempre ha existido la idea de que “lo privado” es mejor, por ser más eficiente, más eficaz, más operativo y de mucha mayor calidad. Lo estatal, en cambio, siempre ha sido visto con suspicacia, sospecha, carente de eficiencia, de eficacia y de calidad. Pero, resulta que, con el destape a las coimas y sobornos de la Odebrecht, entre lo privado y lo estatal se constituyen muy buenas asociaciones; pero no para el desarrollo de una nación, región o comuna local sino para esquilmar los bolsillos del pueblo: Los privados coimean a las autoridades, a cambio de los proyectos; mientras que los gobernantes permiten y legalizan sobrevaloraciones en desmedro del erario nacional y de la calidad de las obras o proyectos. Gracias al mito respecto a que “lo privado es mejor”, la educación, que debería ser un servicio social de calidad a la población, otorgada íntegramente por el Estado, al ser, en gran parte, manejada por “lo privado”, ha sido convertida en una rentable mercancía; pero al mismo tiempo en la peor de América Latina, por su baja calidad. En fin, bajo el dominio del libre mercado, todos los sectores de la economía y de los servicios, básicos o no, funcionan bajo la lógica de “lo privado”. Los resultados de ello saltan a la vista: pueblos empobrecidos, desempleados, analfabetismo político, analfabetismo estructural; pero sobre todo, corrupción galopante que corroe la moral, la dignidad y la esperanza de los pueblos. 
Pintado así el panorama ¿Habrá una efectiva lucha contra la corrupción, desde el Estado?, ¿Sirven las comisiones investigadoras del Congreso? ¿Funcionan las entidades que supuestamente defienden al pueblo, fiscalizan, controlan los recursos públicos, como la contraloría, la defensoría del pueblo, las fiscalías o sólo están de adorno, cobrándose jugosos sueldos? Creo que tales entidades “fiscalizadoras” y “defensoras del pueblo” nunca cumplieron tales funciones, por el contrario formarían parte de la danza de la corrupción y de la esa clase política, cuyo slogan principal es “la plata llega sola”. Tienen que ser otros países quienes investigan, quienes indican y señalan que en el Perú tres ex gobernantes estarían muy involucrados en coimas y sobornos de la Odebrecht, de la Camargo y Correa. Pero, aún así, existe una gran generosidad con corruptos y corruptores. Pues, los términos aquí son: Vamos a “negociar”, Odebrecht “colaborará”, “Algunos de la Odebrecht pueden ser los malos”, “fiscal asegura no tener los nombres de los involucrados”, “la investigación tardará unos seis meses”, “la instalación de la comisión investigadora recién se instalaría en enero”; ¿Pero, cuando y para que? Es decir, en pocas palabras, lo de Odebrecht quedaría impune, al igual que otros casos. ¿De qué nos escandalizamos, si siempre ha sido así? Una vez “reventado” el chupo del delito, los instrumentos mediáticos se encargan de generar expectativa en el pueblo, respecto a que “van a investigar”, van a llamar o invitar a tal o cual personaje para que declare ante la “comisión investigadora”, el Congreso, inmediatamente, se activa para formar las famosas “comisiones”, se arma el show mediático hasta que la población vaya olvidando poco a poco; luego se arman las cortinas de humo, con otros temas, se empieza hablar de tetas, potos y sacadas de vuelta de las faranduleros, “íconos de la Tv basura” y asunto olvidado. Y, como para que algunos se rasquen con mayor intensidad, quienes integran la comisión investigadora del Congreso, por ejemplo, para el caso Odebrecht, lavajato, etc., etc, lo integran otros corruptos, quienes adelantan opinión respecto a su jefe, diciendo que “pondrá las manos al fuego por él”, probablemente de manera mañosa, para dilatar tiempo o para viciar a propósito la “investigación”. 
¿Y, la izquierda? No existe. Salvo para ser furgón de cola de los sucesivos regímenes de turno derechistas. Ellos no saben que la corrupción es como una epidemia muy peligrosa que rápidamente contagia a quien asume, llega a un cargo o le dan una pequeñísima cuota de poder, de la cual queda con dicha marca para toda su vida. La epidemia de la corrupción no distingue camiseta política, tampoco ideología, pues ataca a derecha e izquierda. A estos últimos, con mayor fuerza, si es que no se han vacunado contra tan poderosa epidemia. Muchos seguramente estarán preguntando y ¿Cuál es esa vacuna? Descúbrala usted mismo. Asimismo, los sindicatos, como CGTP, que se precia de ser el más grande del país, en lugar de guardar un silencio, cuyos dirigentes son eternos, deberían, estar en las calles, pronunciándose sobre la corrupción. ¿Acaso no saben que esos millones de soles que el Estado despilfarra en corrupción muy bien serviría para el incremento de salarios a los trabajadores?; de igual manera, los movimientos políticos, como el llamado Frente Amplio, movimiento de Afirmación Social, Partido Socialista el Partido Comunista, Tierra y Libertad, Nuevo Perú, etc., etc. deberían abrir la boca para rechazar y salir a movilizarse contra la transnacional de la corrupción y las autoridades corruptas de nuestro país. ¿O es que vanamente se rasgan las vestiduras afirmando que defienden los intereses del pueblo?; bueno, pues, el pueblo está siendo saqueado, asaltado, desde hace ya buen tiempo. ¿O, es que, acaso, también tienen un tremendo “rabo de paja” frente al caso Odebrecht y Lavajato? La percepción de muchos es que cuando alguien de la izquierda logra una cuota de poder, su gestión, sea en el gobierno local, regional, congresal, etc., es muy parecida a la de la derecha, sobre todo en lo que a corrupción se refiere. Si siguen así, con ese silencio sepulcral, el pueblo les pasará la factura cuando le pidan su voto en las próximas elecciones. 
Escrito: Enero, 2017.

jueves, enero 05, 2017

El grafeno volverá obsoletos proyectos mineros cupríferos

El grafeno volverá obsoletos proyectos mineros cupríferos


Al gobierno peruano se le debe exigir que reoriente sus políticas hacia el desarrollo sostenible, y que en vez de apoyar proyectos mineros ecocidas dedique recursos para investigaciones tecnológicas sobre el grafeno. De esta manera evitaríamos que el Perú se quede a la zaga en este campo y continúe la dependencia tecnológica, sostiene analista Wilder Sánchez.

El grafeno y sus implicancias en los proyectos mineros cupríferos

Por Wilder A. Sánchez Sánchez*
4 de enero, 2017.- El año 2004 dos científicos rusos de la Universidad de Manchester, Andrei Gueim y Konstantin Noviosólev (ganadores del Premio Nobel de Física 2010), obtuvieron a partir del grafito una forma de carbono que se conoce como grafeno, en la que los átomos están agrupados en moléculas organizadas de forma hexagonal, formando una delgadísima lámina del grosor de un átomo, parecida a un panal de abejas. 
El material es por lo menos 100 veces más resistente que el acero (algunas fuentes consultadas dicen que 200), más duro que el diamante, mucho más ligero que el aluminio, tan flexible como una hoja de papel, de transparencia casi total y conduce la electricidad mejor que el cobre.
VIDEO: Grafeno: Características y Usos
Véase sobre el grafeno emitido por la Televisión Nacional de Chile

Por estas y otras propiedades se lo considera como el material del futuro (algunos lo califican como “el material de Dios”). Ya se han hecho miles de investigaciones en los últimos años en varios países sobre sus posibles aplicaciones, por las que algunos futurólogos llegan a la conclusión – así también lo creo – de que implicará una profunda revolución tecnológica e industrial, porque con el grafeno se podrán fabricar cables de fibra óptica cientos de veces más veloces que los actuales, circuitos integrados de aparatos electrónicos, superbaterías y acumuladores eléctricos que se podrían cargar en poquísimo tiempo y que suministrarían electricidad largamente, pantallas táctiles flexibles, mejores auriculares y altavoces, cámaras fotográficas mucho más sensibles, mejores desalinizadores de agua, etc., además de ciertas aplicaciones en medicina (por ejemplo el óxido de grafeno para atacar células cancerosas) y en otros campos.

la buena noticia es que dentro de pocos años (...) la producción de cables y otros materiales a base de grafeno sería tan masiva que sustituiría al cobre y al silicio (...). Por esto, los nuevos proyectos mineros cupríferos podrían quedar definitivamente inviables económicamente si llegara el momento en que quedara obsoleta la metalurgia del cobre.

Desde el punto de vista ambiental, el grafeno constituirá un material mucho más amigable con el medio ambiente. Para los ecologistas que en el Perú y otros países andinos defienden la intangibilidad de las cabeceras de cuenca y zonas frágiles que aún quedan y que luchan contra los proyectos mineros cupríferos como Conga, El Galeno, Tía María, Las Bambas y otros, la buena noticia es que dentro de pocos años (algunas proyecciones indican que alrededor del 2025) la producción de cables y otros materiales a base de grafeno sería tan masiva que sustituiría al cobre y al silicio (o, al menos, reduciría su demanda industrial). Por esto, los nuevos proyectos mineros cupríferos podrían quedar definitivamente inviables económicamente si llegara el momento en que quedara obsoleta la metalurgia del cobre. 
Esto, desde luego, no significa que los ambientalistas deban cruzarse de brazos, sino, por el contrario, argumentar una razón adicional para exigir a la estadounidense Newmont Mining Corporation, a las empresas mineras chinas como Minmetals, Chinalco, Shougang y otras, a la mexicana Southern Perú Cooper Corporation, a las compañías mineras canadienses, australianas y de otros países que operan en cabeceras de cuenca y en zonas frágiles, que se retiren definitivamente de los territorios concesionados. 
Al Gobierno Peruano debe exigírsele que reoriente sus políticas hacia el desarrollo sostenible, y que en vez de apoyar proyectos mineros ecocidas dedique recursos para investigaciones tecnológicas sobre el grafeno, para que nuestro país no se quede a la zaga en este campo y no continúe en situación de dependencia tecnológica.
Véase el siguiente vídeo que explica las propiedades y usos posibles del grafeno:
VIDEO: Sustituto del cobre (Programa emitido por Televisión Nacioanl de Chile)

SERVINDI: https://www.servindi.org/actualidad-noticias/04/01/2017/el-grafeno-y-sus-implicancias-en-los-proyectos-mineros-cupriferos

martes, setiembre 27, 2016

VERGÜENZA DE SOCIÓLOGO


“Si   pensaron construir una represa, desde hace varios años atrás ¿porque no pensaron también en proteger las lagunas, los manantiales y las cabeceras de cuenca?”  Alcalde del CP de Combayo, en entrevista  Programa  “Cajamarca Ahora”. 

Por Sociólogo: Avelino Zamora Lingán

“Me tinka que son 50 familias (las de Laurel del Valle) quienes se oponen al proyecto Chonta ¿50 familias contra 1300?” “Hay que estar loco para oponerse a este proyecto”. Conclusión, según el Sociólogo Telmo Rojas, los campesinos del Laurel del Valle están locos. Son los argumentos que, probablemente hayan generado algún grado de vergüenza en muchos sociólogos cajamarquinos, incluido en el autor del presente comentario, porque fueron expresados precisamente por un sociólogo, en el ya importante programa “Cajamarca Ahora”, emitido en el canal 45, en cadena con otros tres canales televisivos locales más. No quiero imaginar cómo se sentirían los hermanos del Laurel del Valle, y en general la gran mayoría de los campesinos al escuchar tales argumentos, cargados de discriminación social. Ciertamente, en las ciencias sociales, especialmente en la sociología, no existen verdades absolutas, y esto es así, a tal punto que pueden existir tantas “verdades” cuantas cabezas pensantes hay. Pero, esta regla se cumple más en las conclusiones verdaderamente científicas; en cambio en otros aspectos sociales, sólo hace falta hacer buen uso del sentido común para entenderlos y explicarlos. Es más, la verdad es objetiva, porque está fuera de la conciencia del Ser y no dentro, por lo tanto la verdad es inocultable.
Por ejemplo, mi sentido común, y estoy seguro que la de esas 50 familias a las que se alude como “opositoras” al “gran” proyecto Chonta me dice que sí debajo de un determinado espacio se construye una gran represa para almacenar agua; mientras al mismo tiempo, en la parte superior las actividades mineras van destruyendo permanentemente los colchones acuíferos, los manantiales y las lagunas existentes, surge inevitablemente la pregunta ¿con qué agua se va recargar dicha represa, con la de las lluvias, acaso? Si fuera así, entonces esa pequeña represa San José estaría funcionando.   Asimismo, obviamente, tales actividades mineras remueven, debilitan, aflojan los suelos, de tal manera que, en época de lluvia, los sedimentos fluirán naturalmente a esa gran represa, por lo mismo ésta se llenará de sedimentos en menos tiempo de lo que los “estudios técnicos” consideren. ¿Hacen falta voluminosos tomos de estudios técnicos, de grandes científicos e invertir 13; 15, o 20 millones de soles sólo en estudios técnicos para decir esta gran verdad objetiva? NO, sólo es sentido común. En todo caso son hipótesis susceptibles de ser verificadas o no; pero, a través de estudios serios, imparciales y no plagiados, ni desfasados o tendenciosos para favorecer a algunas empresas extractivas poderosas.
Ahora, bien. Gusta mucho acudir a la expresión “cosecha de agua” para justificar el Proyecto Chonta y otros proyectos más de carácter extractivo. Bien, de acuerdo con la famosa “cosecha de agua”, sobre todo en época de calentamiento global, donde este elemento vital sería el causante de las próximas guerras mundiales, puesto que los conflictos sociales locales han empezado ya en muchos puntos del planeta, de los cuales Cajamarca no escapa. Pero, el problema es que se asume que siempre habrá lluvias; sin percatarse que el calentamiento global no sólo causará lluvias extremas, pues también causará largos periodos de sequías extremas y, entonces, en el supuesto posible que en Cajamarca se presente un largo periodo de sequía extrema ¿De dónde se cosechará agua para llenar las represas? Pero, también, la “cosecha de agua”, propuesta favorita de quienes prefieren que se desaparezcan las fuentes naturales de agua como los colchones acuíferos, manantiales, lagunas, etc.; y, además, se contaminen; requiere de ciertas condiciones favorables, precisamente para asegurar la permanencia de lluvias y haya de donde “cosechar el agua”; entre éstas condiciones: forestar y reforestar las áreas donde se piensa ubicar las represas; no remover los suelos, almacenar el agua en pequeñas o micro represas para que sea favorable a la agricultura, etc. ¿La presencia de actividades mineras garantiza forestar y reforestar los espacios libres y protegerlos? ¿Las actividades mineras garantizan que los suelos permanezcan fijos y compactos o por el contrario éstas más se preocupan en removerlos, destruirlos, aflojarlos o debilitarlos, luego, consecuencia de ello, sean fácilmente arrastrados por las lluvias?
Ante esto, creo que la propuesta de “cosecha de agua” es mucho más pertinente para lugares o espacios geográficos donde no existen fuentes hídricas naturales; en cambio, para lugares donde la naturaleza ha favorecido con valiosísimas fuentes de agua ¿acaso no es mejor proteger y cuidar a esas fuentes de agua, como si fuera la “niña de los ojos”? ¿O, mejor dicho se “hubiesen” cuidado y protegido a nuestras fuentes hídricas, manantiales y lagunas, dado que hoy muchas de ellas ya no existen más que en el las fotografías o en las imágenes? ¡Que tal inteligencia de muchos compatriotas y, en especial, la de muchos gobernantes, medios de comunicación, profesionales y políticos: Dejar que lo natural sea destruido para ser sustituido por lo artificial. Esto es como si a alguien le ofrecieran unas cuantas monedas por un hígado, sano y  natural, para luego sustituirlo por uno artificial!
La otra expresión muy utilizada es “Desertificación Antrópica”. Efectivamente, término muy utilizado porque con ello se pretende responsabilizar sólo a la población rural de la pérdida de bosques y de vegetación natural, así como de la erosión de los suelos y en consecuencia de la falta de agua, etc., etc.; pero  ocultando o minimizando las verdaderas causas de la desaparición de las fuentes de agua, de la vegetación natural, de la erosión de los suelos. Yo me pregunto ¿Quién es más pernicioso para la desertificación aquel campesino que por necesidad se ve obligado a desertificar media o una hectárea para sembrar un poco de trigo o maíz y luego traerlo a la ciudad para el alimento del citadino o aquella transnacional que remueve más de 600,000 toneladas de tierra al día para obtener oro y luego venderlos en otros países, quien sabe para hacer qué tipo de artículo de lujo? Ciertamente, el gran problema estructural en el país, especialmente en la sierra peruana es el minifundio, entendido éste como proceso en curso, que se expresa en la cada vez mayor fragmentación permanente de la parcela debido a la práctica de la HERENCIA. Pero, al mismo tiempo, desde que se consolidó el modelo del libre mercado, éste también viene afectando aún más el problema de la tenencia de la tierra, en la medida que se está generando un proceso de RECONCENTRACIÓN DE LA TIERRA EN POCAS MANOS, mediante la llamada concesión a las transnacionales extractivas, sean éstas mineras, gasíferas, petroleras, maderera, etc. Hoy son varios los millones de hectáreas de tierra, muchas de ellas aptas para la agricultura, que son apropiadas por algunas grandes empresas nacionales y extranjeras, muchas veces valiéndose del despojo coercitivo, a los campesinos (como se viene haciendo con la familia chaupe, por ejemplo) y lo peor con aval legal del propio Estado. De otro lado, La población rural se encuentra sumida en una encrucijada, de la cual, al parecer, nadie le ayuda a salir. Por un lado se encuentra con que cada vez ve fragmentada su parcela, agudizándose el minifundio; de otro, las zonas alto andinas, conocidas como “jalcas”, lugares alternativos adonde emigraban de las partes bajas, para sembrar o criar su ganado, son ocupados por las empresas transnacionales que realizan las activas extractivas, mientras que los campesinos son expulsados de allí. A esto se suma, el despojo que se le quiere hacer bajo el pretexto de la ejecución de mega represas y mega proyectos, que no se sabe a ciencia cierta si solucionará o no el problema del agua, tanto en el aspecto de riego, como en el aspecto del consumo humano. La gran pregunta es: ¿Entonces, cual es el futuro que el Estado le ofrece a la población rural? Y, aquí no sólo estamos hablando de las 50 familias campesinas, que, según Telmo Rojas, son las únicas que se oponen al proyecto Chonta. Estamos refiriéndonos a los miles de campesinos cajamarquinos y peruanos que afrontan similares problemas en todo el Perú, vale decir el despojo de sus tierras por las grandes empresas y el problema del minifundio. A la interrogante sobre el futuro, creo sinceramente que al Estado y a su modelo sagrado del libre mercado no le interesa, nunca le ha interesado los campesinos serranos, los campesinos minifundistas. Al contrario, éstos, como bien lo señala el desaparecido sociólogo Orlando Plaza, para el actual modelo económico, son un lastre para “el desarrollo”, “un obstáculo”, corroborado, esto, también, por el autor del libro “La Tercera Ola”, Alvin Toffler, puesto que la agricultura es una actividad tradicional perteneciente a la primera ola, es decir a la parte más atrasada de la evolución económica humana. En este contexto, suena a engaño y a demagogia, aquello de que la represa chonta se hace con la finalidad de beneficiar a los campesinos, beneficiar a la agricultura. Pregunto, entonces ¿De cuando acá los adoradores del neoliberalismo se preocupan por los campesinos parceleros, minifundistas, de aquellos campesinos, a los cuales, los capitalistas y agentes económicos, atropellan sus derechos en las propias narices del Estado, las veces que quieren y cuando quieren? Desde esta perspectiva, el caso de la familia Chaupe se torna emblemático, porque miles de campesinos serranos, minifundistas son ninguneados por los sucesivos regímenes de turno, algunos hasta lo hacen descaradamente, al llamarlos “perros del hortelano” y “ciudadanos de segunda clase”. La expresión “¿Acaso 50 familias se van a oponer a 1300 familias?” tranquilamente se puede decir que esto casi equivale a decirle a esas familias campesinas que son como “perros del hortelano”, que “no harían ni dejarían hacer obras para la famosa cosecha de agua”.

En fin, termino el presente comentario, diciendo lo siguiente: Más arriba indiqué que el campesino serrano se encuentra en una encrucijada, de la cual nadie les ayuda a salir. El Estado poco o nada se preocupa de este importantísimo sector social, quien abastece a las ciudades con los alimentos agropecuarios; peor aún, ni pensar que los llamados “inversionistas privados” inviertan en la agricultura, porque ésta no es rentable. La agricultura para ellos no les genera rentabilidad en el breve tiempo y en la magnitud que ellos quisieran. Ante esto, el “inversionista privado” sólo se interesa por lo que hay debajo de la tierra de los campesinos, que obviamente son los minerales, oro principalmente. Eso si le interesa, vive por ellos, mata por ellos, persigue por ellos, despoja de su tierra a los campesinos por ellos, corrompe instituciones por ellos. Mientras tanto, los campesinos sí salen de esa encrucijada, pero salen a poblar las ciudades, a convertirse en moto-taxistas, en vendedores ambulantes, paleados por municipales, en obreros y, porqué no decirlo hasta en delincuentes comunes. Tal es la realidad desde el punto de vista de un sociólogo, que obviamente no podía callarse ante un problema como el del agua, el mismo que se pretende dar solución, pero generando otro problema social: El del despojo de su tierra a 50 familias; porque, valgan verdades, para mi así serían cinco familias o cinco personas, quienes serían despojadas o erradicadas de sus tierras  ya constituye un problema social.